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llegar los inmigrantes mexicanos caían en casas de amigos
o parientes donde se hacinaban a menudo varias familias. Las leyes
de la hospitalidad eran inviolables, a nadie se negaba techo y
comida en los primeros días, pero después cada uno
debía valerse solo. Venían de todos los pueblos
al sur de la frontera en busca de trabajo, sin más bienes
que la ropa puesta, un atado a la espalda y las mejores intenciones
de salir adelante en esa Tierra Prometida, donde les habían
dicho que el dinero crecía en los árboles y cualquiera
bien listo podía convertirse en empresario, con un Cadillac
propio y una rubia colgada del brazo. No les habían contado,
sin embargo, que por cada afortunado cincuenta quedaban en el
camino y otros cincuenta regresaban vencidos, que no serían
ellos los beneficiados, estaban destinados a abrir paso a los
hijos y los nietos nacidos en ese suelo hostil. No sospechaban
las penurias del destierro, cómo abusarían de ellos
los patrones y los perseguirían las autoridades, cuánto
esfuerzo constaría reunir a la familia, traer a los niños
y a los viejos, del dolor de decir adiós a los amigos y
dejar atrás a sus muertos. Tampoco les advirtieron que
pronto perderían sus tradiciones y el corrosivo desgaste
de la memoria los dejaría sin recuerdos, ni que serían
los más humillados entre los humildes. Pero si lo hubieran
sabido, tal vez de todos modos habrían emprendido el viaje
al norte.
No faltaba
un puesto en su mesa para los recién llegados y los niños
crecieron oyendo historias de pobres diablos que cruzaban la frontera
escondidos como fardos en el doble fondo de un camión,
saltaban de trenes en marcha, o se arrastraban bajo tierra por
viejas alcantarillas, siempre con el terror de ser sorprendidos
por la policía, la temida "Migra", y enviados
de vuelta a su país en grillos, después de ser fichados
como criminales. Muchos morían baleados por los guardias,
también de hambre y de sed, otros se asfixiaban en compartimientos
secretos de los vehículos de los "coyotes", cuyo
negocio consistía en transportar a los desesperados desde
México hasta un pueblo al otro lado".
Isabel
Allende, "El Plan Infinito".
(En referencia al cruce de mexicanos hacia los Estados Unidos
de América en los años 50's y 60's)
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(Un
grupo de migrantes salvadoreños indocumentados llevan
su ropa en bolsas de plástico mientras atraviesan
el río en Calexico) |
Actualmente,
ya no son sólo los mexicanos los que arriesgan sus vidas
atravezando la frontera para instalarse bajo la sombra del "Tío
Sam"; ejemplo de ello es la comunidad salvadoreña
dispersada en grandes ciudades como Los Ángeles, Washington
(y su área metropolitana), New York, Houston, Miami y otras
urbes del país del norte. El 90% de los salvadoreños
que han salido de su nación, tienen como destino a los
Estados Unidos y precisamente esta diáspora representa
un 25% de toda la población salvadoreña existente.
Según registros del Programa de las Naciones Unidas para
el Desarrollo (PNUD), la población de salvadoreños
oscila entre los 8 y 9 millones, de los cuales entre 1.5 y 3 millones
habita en "El País de las Barras y las Estrellas".
La cantidad de "guanacos" en la unión americana
es un dato inexacto debido a que la emigración es un fenómeno
clandestino del cual no tienen archivos específicos ni
el gobierno salvadoreño ni el estadounidense, en un país
salen sin declarar su verdadero destino y al otro entran burlando
la seguridad fronteriza.
La
guerra civil de los años 80's más el éxodo
producido por la misma; nos ha dado como resultado tres tipos
de salvadoreños: Los que se quedan en su país de
origen, los que se van hacia "El País de las Maravillas"
y los hijos de emigrantes salvadoreños nacidos en el suelo
de USA. Existe un amplio acelerameiento de los que se van, comparado
a los que nacen en tierras cuscatlecas y los nacidos en la mayor
potencia mundial. Me refiero a los emigrantes, inmigrantes, migrantes,
diáspora, departamento 15, el pulgarcito del norte o el
nombre que se le quiera dar a las personas que abandonan el lugar
que los vio nacer, su gente, su familia, sus costumbres, sus tradiciones,
sus amigos, sus paisajes, sus playas, su raza, su idiosincracia;
en fin...su ser original. Pero la pregunta de fondo en este artículo
es: ¿Por qué emigran los salvadoreños? Para
comenzar, ya no existe una guerra de la cual escapar como sucedió
en las décadas 70, 80 y parte de los 90's. La respuesta
no me la sacaré de la manga de la camisa, simplemente citaré
algunos resultados del Informe de Desarrollo Humano El Salvador
2005 realizado por el PNUD, los cuales están basados en
motivos puramente de condiciones de vida del posible inmigrante:
-Contamos
con un índice de desarrollo humano a nivel nacional del
0.73 al año.
-544
mil 820 familias no tienen casa propia donde vivir, esto representa
un 10 % de la población del "Pulgarcito de América".
-25
de cada 100 hogares no tienen agua potable.
-El
20 % de viviendas no cuenta con energía electrica.
-Cerca
del 8 % de los salvadoreños no poseen una letrina o sanitario
donde poder depositar sus desechos de excresión.
-Un
46 % de pobladores manifiestan no recibir un servicio de recolección
de basura.
-La
gran mayoría de la población rural aun sigue recibiendo
un salario mínimo de hasta $158.00 mensuales (menos de
$ 6.00 diarios), con familias numerosas en donde los niños
se ven obligados a trabajar y abandonar la escuela, y en otros
casos es el padre o una madre soltera la única persona
encargada de mantener a flote económico el hogar.
-El
perfil de la economía salvadoreña se distribuye
de la siguiente manera: El 41 % de hogares vive en Pobreza Total,
el 15 % se encuentra en Pobreza Extrema y un 26 % de familias
están dentro de una Pobreza Relativa; por lo tanto, hablamos
de un 82 % de viviendas sumergidas en cualquiera de las clasificaciones
de la pobreza; deduciendo lógicamente que sólo el
18 % de compatriotas gozan de una posición "privilegiada"
dentro del país, quienes en su mayoría radican en
la capital, ocupan un cargo político y son accionista de
una o más empresas "monstruos".
-La
esperanza de vida promedio apenas llega a los 70 años de
edad; el 10.4 % de los habitantes en El Salvador se estima que
no sobrevirá hasta los 40 años de vida.
En
El Salvador existe un sistema económico ilógico
donde el costo de la vida de un hogar es superior al salario recibido
por una familia, constituyendo de esta manera más consumo
y menos producción; lo cual obliga a sus propios ciudadanos
a "autoexiliarse" en el país del norte. El Salvador
no tiene una política migratoria adecuada que incentive
a sus habitantes a quedarse a trabajar; más bien la economía
nacional estimula la emigración de nuestros conciudadanos,
desterrándolos de su propia tierra.
En
el caso específico de Intipucá no
existe un estudio institucional que revele las causas del éxodo
hacia los "Yunáis", pero considerando esta ciudad
parte del tejido social que compone la actualidad de El Salvador,
podemos tomarnos la libertad de atribuirle las causas anteriormente
mencionadas; es decir, la situación del "Gran Arco
de la Boca" no difiere mucho de la situación nacional
en conjunto. Mas sin embargo es necesario recalcar una serie de
características que hacen de la migración intipuqueña
un fenómeno especial.
Desde
mi punto de vista, en Intipucá hay dos corrientes causales
de la emigración: La Realidad y La Mentalidad.
La
Realidad de Intipucá:
Es una "ciudad" con muy pocos empleos. A no ser que
aparesca por ahí la albañilería en la construcción
de una nueva casa o que necesiten mano de obra en los pocos cultivos
que aun sobreviven cada invierno, la mayoría de personas
no pueden aspirar a trabajar -aunque sea de vez en cuando-; los
escasos puestos de trabajo seguros ya tienen bien afianzado a
sus empleados (entre ellos la clínica, escuela, , Infocentros,
alcaldía, Telecom, casa de la cultura, radio local y tres
o cuatro tiendas que necesitan un mínimo personal para
laborar por temporadas); y las oportunidades de entrar a un lugar
de estos son muy reducidas. Es típico encontrarse en el
parque central con gente desocupada (lamentablemente en su mayoría
jóvenes llenos de energía), quienes se dedican a
nada; unos porque dicen no tener necesidad y otros que manifiestan
que "trabajan en buscar trabajo" no encuentran ni siquiera
el puesto de "ayudante del ayudante del ayudante titular".
El comercio brilla por su ausencia en la mal llamada "Ciudad
del Dólar", desanimando así las intenciones
de poner un tímido "negocito".
La
Mentalidad de Intipucá:
En Intipucá se aplica muchísimo, y al pié
de la letra, aquella frase de "Nadie es profeta en su propia
tierra"; carecemos del sentido de sensibilidad ante los talentos
que surgen en nuestra comunidad; y ahí tenemos tanta fuga
de intelectos hacia el extranjero, los cerebros se nos están
escapando para buscar apoyo en el "Tío Sam".
Músicos, cantantes, compositores, poetas, excelentes bailarines,
dotados de buena actuación en el escenario, visionarios
de negocios, DJ's, locutores, diestos en computación, bachilleres
con ganas de ingresar a una universidad, etc. etc. están
quedando en el olvido debido al abandono e indiferencia de los
que tienen el sartén por el mango
(alcaldía, autoridades
educativas, encargados de promover cultura, y los famosos "dueños
de Intipucá"). Debido a la mentalidad
de que "Si es de Intipucá, no es bueno; si es de otro
lugar, es buenísimo" la gente talentosa se ha ido,
se está marchando y los pocos que aun quedan son grandes
candidatos a futuros emigrantes. Los jóvenes sueñan
hasta despiertos con llegar al país de las oportunidades
y tarde o temprano (dependiendo el momento en que tengan el dinero
para el "coyote"), se marcharán dejando atrás
su niñez y juventud; algunos siendo bachilleres, otros
con noveno grado y también aquellos que únicamente
aprendieron a escribir su nombre y trazar unas líneas a
las cuales le llaman "firma", porque alguien por ahí
con muchos años encima les dijo "las letras no se
comen". Otra mentalidad desde el exterior es que en Estados
Unidos la vida es más sabrosa y color de rosa; lo cual
ha transformado el pensamiento de nuestra gente a tal grado que
todos quieren portar ropa y zapatos de marcas (Nike, Reebok, Puma,
Paco Jeans, Sergio Valente, De la Renta, entre otras), y sus pies
ya se volvieron alérgicos a los legendarios "Zapatos
Burros" de ADOC; mientras en las ciudades de Estados Unidos
los compatriotas portan con mucho orgullo patriótico sus
camisas con frases como: "El Salvador,
Pulgarcito de América", "Alguien que me quiere
mucho fue a El Salvador y me trajo esta camisa", "Vengo
de El Salvador, y tú ¿cuándo vas?"
y así por el estilo las contradicciones de esta transculturación
nos demuestran que los intipuqueños se van a Metrocentro,
San Miguel a comer pizza y amburguesas acompañadas de Coca-Cola;
mientras en los "Yunáis" los melancólicos
emigrantes pagan altos precios por una pupusa, un tamal pizque,
un atole o una horchata. Hoy en día esta mentalidad ha
hecho que el campesino se olvide de su sombrero y nunca se despegue
el celular de su cintura. La vida es irónica, ¿no?
Las
dos corrientes causales de la emigración intipuqueña
son los ingredientes principales del éxodo hacia el Norte.
A simple vista, esta gente está en todo su derecho de buscar
mejores oportunidades, mejores salarios, buenas condiciones de
vida y superación personal; sin embargo, recordemos que
la verdadera riqueza de un pueblo es su gente, y si la gente se
está yendo, nos estamos quedando pobres -así de
sencillo-; pobres de identidad, de ideas, de visión, de
profesionalismo, de cultura...alguien dijo por ahí que
no hay peor pobreza que ser pobre de la mente, ¿y los dólares
dónde quedan? Estamos frente a un dilema: O somos ricos
de mente o ricos de la cartera, y es ahí donde puede más
la necesidad económica, realmente es difícil pensar
bien con el estómago vacío.
La
zona oriental es la región con más recepción
de remesas familiares, La Unión es el departamento que
posee los municipios situados en los primeros lugares de mayor
percepción de ayuda proveniente del extranjero. A pesar
de ello, Intipucá ocupa el lugar número 39 a nivel
nacional entre los municipios que más dinero recibe de
los Estados Unidos (el 41 % de hogares intipuqueños gozan
de ayuda económica por parte de la diáspora). Un
elevado porcentaje de intipuqueños (más del 80 %)
manifiesta tener uno o más familiares redicados en USA.
Según
censos recientes, Estados Unidos está a punto de sobrepasar
los 300 millones de habitantes, y todos los cálculos a
futuro indican que el país se encamina hacia una población
de, cuando menos, 500 millones de pobladores para mediados del
Siglo XXI.
Se
emigra sin saber hablar inglés, excepto dos palabras dictadas
por el diccionario de la angustia y necesidad: Money & Liberty
y el resto es otra historia.nes de pobladores para mediados
del
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