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Artículo # 12-2005.

"SARITA"


Tradicionalmente en este mes celebramos el día del maestro/a (22 de junio), es de suma importancia dedicar el artículo de este mes a una persona que ha dado gran parte de su vida a la enseñanza de la educación en Intipucá.

Viajé hasta el municipio de Tecoluca en el departamento de San Vicente, llegué a la dirección indicada: una vivienda pintada de un débil amarillo y mi sorpresa fue que la primer persona que me encontré era justamente mi entrevistada, Sara Vilma Rodríguez de Zelaya, me recibió en la puerta de su casa diciéndome: “Hola rey, bienvenido pase adelante. Mi familia y yo lo estábamos esperando.” Accedí inmediatamente a la invitación y luego de presentarme a su legendaria y numerosa familia, y después de un breve recorrido por aquella vivienda con un toque de museo por las coloridas pinturas dispersadas en las paredes, nos acomodamos frente a un hermoso jardín para iniciar la entrevista con mi antigua profesora-mía y de un incalculable número de personas que se educaron junto a ella-.

¿Aún recuerda el día que llegó a Intipucá por primera vez?

Sí; llegué un 2 de mayo de 1973. Iba un poco melancólica porque dejaba a mi hija de seis meses de nacida, pero la gente de Intipucá me dio su apoyo y cada día me iba encariñando con ellos (los intipuqueños).

De 1973 a la actualidad, a su criterio ¿cuáles han sido los cambios en la gente y la infraestructura de Intipucá?

La gente siempre sigue siendo muy amable. Pero el lugar no se veía tan bonito como lo es ahora: habían muchas viviendas construidas de madera, adobes o barro, habían muchos ranchitos. Quedé impresionada, nunca había ido a un lugar así, la gran parte de Intipucá eran solamente terrenos baldíos rodeados por cercos de piedra, era muy poca la población.

En sus 29 años de trabajo, ¿qué grados educativos impartió?

Los dos primeros años impartí primer grado, luego me fui con un grupo de alumnos acompañándolos año con año hasta llegar el sexto grado. Y por último, en 1981, llegué a tercer ciclo (séptimo, octavo y noveno grados), en donde me mantuve hasta mi jubilación.

¿Qué fue lo que más le gustó de esa ciudad?

Lo que más me agradó es que le gente de ese lugar es muy amable, dadivosa.

¿Y lo que menos le gustó?

Lo que menos me gusto…es que estaba lejos de mi familia, y por eso aún le agradezco la comprensión a mi esposo ya que él aceptó que yo siguiera trabajando en Intipucá y nunca me trasladara.

¿Qué aprendió en Intipucá?

Aprendí que las personas de ese lugar son muy unidas: Que una persona viaja a Estados Unidos y luego se encarga de llevarse a casi toda su familia. Son muy unidos, cuando hay alegría en uno hay alegría en todos, y cuando hay tristeza en uno, también la hay en todos.

¿Aún mantiene comunicación con algunos de sus antiguos alumnos?


Sí; y aprovecho la oportunidad para agradecerles porque siempre han sido dadivosos conmigo y están pendientes de cómo estoy, Dios les bendiga por su generosidad.
La verdad es que uno no sabe hasta donde llegará el fruto mientras trabaja, pero al final sí se ve lo que uno ha hecho todo ese tiempo.

¿Podría mencionar a los que todavía mantienen comunicación con Usted?


Oh, bueno; se me hace casi imposible mencionar uno a uno porque son muchos los que siempre se comunican conmigo, pero sí puedo mencionar a Luís Alonso Garay, las hermanas Nury y Ruth Ramírez, incluso esta peluca que tengo puesta me la enviaron las hermanas Maribel y Morena Flores, entre otros tantos que me perdonarán por no mencionarlos en este instante, se me escapan sus nombres. También los que salieron de sexto grado en 1979 me hicieron una colecta de dinero en los Estados Unidos y me enviaron muchos regalos; recuerdo que ellos también me hicieron una fiesta bailable cuando cumplí mis primeros 15 años de trabajo ya que yo fui su maestra desde primer hasta el sexto grado. No les puedo pagar todo esto, sólo les deseo triunfo y lo mejor de la vida y que lleven a la práctica lo que les enseñé.

Tengo entendido que también sigue teniendo el cariño de personas que no fueron alumnos suyos…

Sí, por allá tengo muchos compadres, comadres y mis ahijados ya que me buscaron casi en ocho ocasiones como madrina de bodas y unas seis veces para confirma.
Además muchas de mis antiguas compañeras de trabajo me visitaron cuando estuve enferma, la familia Artola del Amatal también me visitó.
Envío un saludo a Fanny Asturias que me dio posada en su casa por 24 años, también conviví con su madre Carmen Asturias, una señora bien recordada, ella me insistió que permaneciera a su lado y fue uno de mis grandes motivos por los que nunca pedí traslado a otra escuela. Gracias Fanny.

Siempre Usted se distinguió por inspirar confianza y ternura a la hora de hablar tanto así que casi nunca llamaba a los alumnos por su nombre, sino que se refería a ellos con un “rey o reinita”, “cielito”, “cariñito” y otros apelativos que endulzaban los oídos de cualquier oyente, ¿Qué le hizo aplicar ese trato con su alumnado?

Yo me sentía bien hablándoles de esa forma y sentía que a ellos también les gustaba el trato que les daba. Aunque muchas veces mis compañeros y compañeras de trabajo me advertían que no era un trato adecuado, pero nunca les presté oído.
Sólo que en una ocasión me encontré por la calle a alguien que fue mi alumno y le dije “adiós rey” y él me respondió: “Adiós, pero no me llamo Rey, mi nombre es…” (No pudo decir el nombre debido a la risa que le causó recordar esa anécdota).

De sus 29 años de trabajo, los primeros 24 se quedaba a dormir en Intipucá y los últimos 5 viajó a diario. Supongo que la primera opción la alejaba de su familia y la segunda resultaba agotadora, ¿por qué nunca pidió traslado a otra escuela?

Nunca me trasladé porque yo le tomé mucho cariño a ese pueblo y su gente. A veces soñaba que me retiraba de Intipucá y me veía llorando de tristeza, pero de pronto despertaba y me sentía feliz porque sólo había sido un sueño.

¿Se le dificultó adaptarse a la nueva vida después de su jubilación?

Me jubilé el 31 de enero del 2001. Para mí fue muy duro. A las cuatro de la mañana ya estaba despierta, entonces yo me iba al mercado donde venden plantas ornamentales y ahí me distraía toda la mañana y luego regresaba a casa a preparar el almuerzo. Así pasé casi seis meses, despertando a la misma hora que me levantaba para irme a trabajar a Intipucá, me dolió mucho dejar el trabajo, fueron 29 años trabajando, toda una vida.

¿Aún extraña Intipucá?

Siempre extrañaré a Intipucá.

¿Cuándo fue la última vez que visitó esa ciudad?

El 2 de octubre del 2003, cuando asistí a un aniversario más de fallecido mi compadre Tomás Hernández.

¿Desearía ejercer su profesión de maestra nuevamente?

Ejercer la profesión quizás ya no es para mí, aunque si se tratara de ir a Intipucá, sería la excepción y haría un último esfuerzo.

¿A qué se ha dedicado y qué ha sido de su vida después de jubilarse?


Los primeros días me dediqué a cuidar a una de mis hermanas porque se encontraba enferma, me vine de Usulután hacia Tecoluca.
En el 2003 nació mi nieta y tuve que cuidarla para ayudarle a mi hija.
En junio del 2004 me enfermé, dejé a mi nieta y me trasladé a Usulután de nuevo; me detectaron que tenía una sombra en un pulmón, en octubre de ese mismo año me dieron atención oncológica, estuve en tratamiento hasta que me operaron el 19 de noviembre. En un principio me habían encontrado un quiste canceroso, pero gracias a Dios lo quitaron. Ahora el pulmón está sano, sólo que me están aplicando Quimioterapias como una medida preventiva, son seis Quimioterapias en total me faltan dos que me aplicarán en este mes de junio, debido a este tratamiento se me ha caído por completo el cabello, pero al finalizar la sexta y última aplicación de tratamiento, me empezará a nacer nuevamente.
Por el momento mi salud se encuentra estable, a excepción que tengo bajo el sistema de defensas en mi cuerpo, pero eso también es parte de los efectos secundarios del medicamento.
Actualmente lo que más hago son oficios domésticos y cuidar a mis padres.

Cada día, cada amanecer le doy gracias a Dios porque me ha dado la oportunidad de continuar mi vida, ya que lo que padecí era una enfermedad muy grave y es un verdadero milagro que todavía vivo para contarlo.

MÁS SOBRE NIÑA SARITA:

Nació en Tecoluca, San Vicente el 23 de mayo de 1945. Estudió en el Colegio Eucarístico de San Vicente y en el Colegio Tecnológico de Usulután, en donde obtuvo su profesorado y Docencia II respectivamente.

Se casó con Ángel Romeo Zelaya y se fueron a vivir a Usulután, fruto de ese amor han procreado tres hijas y un hijo “mi hijo se encuentra en Estados Unidos y mis tres hijas viven en San Salvador” nos comenta.

Niña Sarita, como se le conoce en Intipucá, es la mayor de cuatro hermanas, y a sus 60 años de edad tiene el envidiable lujo de contar con sus padres: La señora Rosa Salinas de Rodríguez de 88 años, una persona muy simpática “me siento orgullosa de mi hija” me dijo. Y su padre, el señor Miguel Ángel Rodríguez Molina de 86 años quien se refiere a su hija mayor diciendo: “Me siento satisfecho con los intipuqueños porque Sarita cuenta que la atendieron bien”.

Toda su experiencia laboral la realizó en El Complejo Educativo de Intipucá de 1973 al 2001, año en que se jubiló.

Como profesora fue celosa y perfeccionista de sus asignaturas: ordenaba que se escribiera diez veces cada palabra, frase o comentario incorrectos.

Muchos la recordarán como la persona que les enseñó las primeras palabras y frases en inglés.

Siempre advertía a las señoritas de las consecuencias de un matrimonio a muy corta edad. A los caballeros les mostraba los sufrimientos que se padecen en una vida con adicciones perversas. Por lo general no dejaba escapar una hora de clases sin antes tratar de guiar por los senderos rectos de la vida.

En sus 29 años de trabajo nunca tuvo problemas serios ni discusiones acaloradas con los demás profesores o sus alumnos.

Se supo ganar la amistad de sus alumnos tanto así que éstos dejaban de asistir a clases, pero no dejaban de visitarla, y muchos de los que viajaron fuera del país aún mantienen comunicación constante con ella.

Se destacó tanto que los alumnos que se graduaron de bachillerato técnico vocacional opción Contaduría, en el 2002, nominaron la promoción a su nombre.

La comunidad en general la aprecia, cuando Intipucá obtuvo el título de ciudad, ella figuraba entre las personas destacadas, y fue galardonada por haber realizado una admirable labor en la educación de nuestra comunidad.

POST DATA: Para ponerse en contacto con la profesora Sara Vilma Rodríguez de Zelaya (Niña Sarita), llame a los teléfonos: 2362-4574 y al 2662-3179.

Si posée alguna sugerencia, por favor dejenos saber. fernandogranados@intipucacity.com

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