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Artículo
# 11-2005.
"Trabajos
Patrimoniales".
El pasado uno de Mayo
se celebró el día internacional del trabajo; conmemorando
así un aniversario más para rendir obsequios, felicitaciones,
admiraciones y, algunas veces, descanso para los miembros del
gremio productivo de El Salvador, de manera tal que, en su mayoría,
la población económicamente activa se siente agasajada
cuando llega esta fecha, única en el año.
El día internacional del trabajo, decretado en 1889 por
el Primer Congreso Socialista Internacional, en honor a los Mártires
asesinados el primer día de Mayo de 1886 cuando reclamaban
por sus derechos laborales ante los industriales de Chicago, Estados
Unidos; se conviene en el interludio de esta monótona música
de la melodía llamada: "Existencia" que resuena
constantemente con un estrepitoso ruido ensordecedor al que le
llamamos "Rutina".
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En
esta ocasión deseo ejecutar una escueta reflexión
sobre aquellas personas que, a pesar de no pertenecer a la mal
clasificación de trabajos "formales" por parte
del Ministerio de Trabajo, se han convertido en los autónomos
dueños de su propia empresa, logrando mantener su personal
ritmo de trabajo: Con horarios diseñados a su alcance,
con las necesidades de subsistencia como único jefe, con
el compromiso moral hacia sus vástagos o sus padres como
principal regla laboral y con aspiraciones hacia una labor rentable
cuantiosamente. Hablo de esos habitantes de mi querida ciudad
Intipucá que poseen en sus manos un ideal particular e
independiente para ganarse la vida y que confirma aquello de que
los salvadoreños somos luchadores, emprendedores y laboriosos;
son esas personas sin las cuales la economía de este municipio
ya hubiese pasado a depender en un cien por ciento de las remesas
del extranjero, y con ello acercándonos más al estancamiento
productivo para sucumbir de una vez por todas esta poca y moribunda
laboriosidad que nos va quedando.
Hablo,
repito, de la gente que por bajos estudios académicos,
por falta de oportunidades o simplemente porque no quisieron estar
sujetos a una reprimenda laboral tediosa; optaron por ser dueños
y dueñas de medios productivos que les solventen las exigencias
básicas de la vida en este "Pulgarcito de América"
en donde el trabajo que más abunda es buscar un empleo
sin encontrarlo; en donde el menú del día se convierte
muchas veces en hambre preparada a la guanaca; en donde la enfermedad
que más se da es "No estar sanos"; en donde ya
no basta rezar dogmáticamente cuando el vecino se muere
en precaria situación; en donde la ignorancia, el ocio,
el consumismo, la utopía y la gula emanan de la mocedad
actual; en donde más del 50% de la población no
logra terminar la secundaria y; sobre todo, y es imprescindible
decirlo, en donde sabemos que criticar no es ser pesimistas sino
que significa ser concientes de que "Nada está bien
si puede estar mejor".
Trabajo,
en Economía, es el esfuerzo realizado para asegurar un
beneficio económico. Es uno de los tres factores de producción
principales, siendo los otros dos la tierra (o recursos naturales)
y el capital. Así pues inicio mencionando ciertos oficios,
sin hacer mención a los nombres (por temor a caer en las
garras del olvido y hundirme en el injusto favoritismo), de ciudadanos
intipuqueños que enarbolan esa bandera de dignidad laboral
en este municipio.
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| De
nadie será desconocido ese talento de bordar con delicadeza
cada costura, de pegar uno a uno cada botón o broche, ese
esmero de entregarte el vestuario que encargaste a tu medida y que
lo recibiste con ese inconfundible olor a una nueva tela y aroma
a recién planchado; sí, exacto: Me refiero al oficio
de la sastrería y sus ingeniosos creadores. |
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Puedo
mencionar una de las profesiones más dignas y útiles
de este mundo: La Agricultura y sus labradores u obreros, realizando
ese trabajo fatigador bajo los sofocantes rayos del sol, en medio
de la abrumadora picazón del monte que algunas veces se
vuelve hiriente en la rústica piel de los cultivadores,
cuyo objetivo no es nada más que hacer producir, sobre
la tierra, los granos básicos (maíz, frijoles, maicillo,
ajonjolí.), frutas (sandía, melón.) y verduras
(tomate, chile, pipián, yuca.). Todo esto se sigue produciendo
en Intipucá, aunque no en la misma cantidad de antaño. |
| Contamos
además con los ganaderos dueños de una o más
bestias de las cuales subsisten; ya sea como en compra-venta de
estos animales, como carnicería, o simplemente aprovechándose
del producto naturalmente producido por el animal: La leche y
sus derivados (crema, queso, cuajada, requesón, quesillo.). |
| La
Albañilería es otro rubro que juega un papel importante
en nuestra desgastada economía auto sostenida. Los albañiles
con quienes se cuenta a la hora de hacer la mínima construcción
en los hogares intipuqueños, nos ha venido acompañando
durante todo el desarrollo infraestructural de esta ciudad, famosa
por sus lujosas casas. |
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Recordarán
también a ese hombre que le da brillos a sus calzados,
quién se ofrece para resaltar esos zapatos que por una
u otra razón no se pueden lustrar en casa y él con
sumo cuidado se sienta frente a esos mugrientos accesorios de
tus pies para empezar a ejercer su labor con una rapidez y confianza
sorprendentes, hasta logar crear una especie de espejo sobre un
material oscuro; y, sin mayores ambages, me refiero a los zapateros
(que
muchos veces además de lustrar, puede reparar el calzado).
Y
ahora sin lugar a dudas abriré la gaveta de los recuerdos
de las personas que siempre les encanta resaltar su belleza y
darse un toque elegante para cualquier ocasión y que cada
vez que deseaban estar a tono a la moda o la época, acudían
asiduamente a ponerse en las manos de las expertas de este ramo:
La Cosmetología. |
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Tampoco
faltarán los que se buscan de cuando en cuando para una
escapadita a la playa, cuando se va de compras y hasta cuando
llega alguien del extranjero para recibirlo en el Aeropuerto de
Internacional de El Salvador, me refiero a los motoristas que,
con vehículo propio y arrendado, se ganan la vida haciendo
viajes.
Sería
una falta de respeto no hacer mención de los encargados
en vender alimentos ya preparados para una rica y exquisita merienda
o antojito: pupusas, papitas con queso, panes (con pollo, jamón
o salchicha), helados móviles (conocidos aquí como
minuteros), y hasta negociantes en sus propios locales (comedores). |
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Como
en toda ciudad, en Intipucá no faltan los trabajos que
nadie quiere realizar por tabú, recato, pudor o por no
encender el rubor natural en sus mejías; pero que a la
larga se convierte en una labor sumamente menester e imprescindible
para el desarrollo de este municipio. Hablo de los empleados de
la alcaldía desempeñados en recolectar basura, desperdicios,
residuos y hasta hediondas suciedades de todas las viviendas de
esta ciudad; quienes van hasta cuatro días a la semana
por todas las calles de este lugar recolectando en el tren de
aseo municipal (así se le llama al camión destinado
a este trabajo). Cabe destacar en este apartado a ese señor
que a pesar de su edad, a pesar de contar sólo con uno
de sus dos brazos entra a su trabajo a las cinco de la madrugada,
y se retira hasta las cinco de la
tarde, dedicando este tiempo a limpiar, aromatizar y brindar un
mejor servicio en las únicas dos letrinas lavables (para
hombre y mujer, respectivamente) con que contamos para el público
que nos visita, ubicadas en el parque central. |
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| Me
encantaría seguir hablando de todas esas personas que enaltecen
la dignidad de Intipucá y que son las pocas que se mantienen
económicamente activas, luchando por los estudios de sus
hijos, por el pan diario, esforzándose por tapar el sol
con un dedo, queriendo recompensar aquello de que los intipuqueños
somos mantenidos, roba-ganado y vende-droga; porque no
hay que negarlo: Tenemos más gente desocupada que la que
trabaja. Me gustaría mencionarlos uno a uno por su nombre,
pero estoy conciente de no poder lograrlo (por temor a caer en
las garras del olvido y hundirme en el injusto favoritismo).
Con
este Artículo pretendo lograr tres objetivos:
1)
Agradecer a la gente intipuqueña que trabaja (y aquí
incluyo a los del sector formal que no he mencionado hasta el
momento). Gracias a ustedes no hemos colapsado del todo en un
mundo lleno de ocio y consumismo, son ustedes la luciérnaga
trabajadora que ilumina en medio del oscuro bosque de la pereza.
No me canso de repetirles: ¡Gracias y adelante, que la historia
les recordará por sus proezas!
2)
A los y las que se encuentran desempleados, les exhorto a estudiar
y prepararse académicamente, ya que si no trabajan significa
que no tienen necesidad y cuentan con dinero suficiente, ahora
bien, si tienen las posibilidades sigan estudiando. No consigo
imaginarme a alguien sin estudiar y sin trabajar, debe ser una
vida monótona, repetitiva, aburrido y significa ser una
carga social. Recuerden la frase que "El que no vive para
servir, no sirve para vivir"; y también hay añoranza:
"Hay muertos que debieran estar vivos, y hay vivos que debieran
estar muertos". ¡El mundo de la ciencia y el trabajo
les espera!
3)
A los que alguna vez tuvieron que marcharse de este país
y abandonar a su familia para encontrarse con el "Sueño
Americano", les digo: Eduquen a sus hijos en sus orígenes,
que amen lo suyo, que no se dejan abrumar por el bosque de concreto
que encierra en ese país del Norte, que al visitar a este
"Pulgarcito de América" no menosprecien a esa
gente humilde trabajadora que su único error fue haber
nacido en miseria y no haber dormido en cuna de
oro. Pido que además de enviar esas remesas sean supervisores
del paradero de ese dinero que representa su esfuerzo, ayudemos
a que no prolifere el consumismo y se empiece a producir.
Reconocer
quiénes somos y de dónde venimos es uno de las cualidades
más valiosas de todo ser humano. Avergonzarse de nuestra
gente es abominable; el que tenga pudor de su gente, no es digno
de pisar la tierra que lo vio nacer. Busquemos lo nuevo en lo
cotidiano, no tengamos miedo de lo que somos.
La
sastrería, la agricultura, la ganadería, albañilería,
zapatería, cosmetología, el ser motorista, las pupuseras,
minuteros, y todos aquellos que realizar trabajos que nadie quiere
ejercer; son hoy por hoy quizás ya una minoría,
pero regresemos a los años 50´s, 60´s, 70´s
y 80´s y nos
daremos cuanta que estos oficios hicieron real el sueño
de muchos que ahora son ciudadanos en el Norte, reconoceremos
que gracias a ello, se educaron, se crecieron en el seno familiar.
Le debemos mucho a estos trabajos típicos y a esos arrabales
donde jugamos en la infancia.
Muchos
ya no recuerdan ni siquiera el canto de un gallo en la madrugada,
¿y tú sabes de dónde
vienes?

Si
posée alguna sugerencia, por favor dejenos saber.
fernandogranados@intipucacity.com
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