| Los
despidos de empleados públicos en la transición
del nuevo gobierno han generado una gran polémica partidista
y mediática en nuestro país. Es la primera vez que
después de tantos cambios de gobierno se ha generado un
gran debate por esta causa. En pasadas administraciones, no solo
hubo despidos masivos, sino también nepotismo descarado,
se formaron ejércitos de simpatizantes, correligionarios,
militantes, ideólogos del partido oficialista, que nunca
respondieron a los intereses del estado. El partido ARENA y los
medios ultraconservadores no le dan ni un milímetro de
espacio a justificar la mayoría de estos despidos, para
ellos vale más un despido de un militante de derecha que
usó su poder al servicio del partido, que las muertes descaradas
y cobardes que están sucediendo en cabañas. Esto
a pesar que el mator número de despidos se ha dado en la
alcaldía de San Salvador y Antiguo Cuscatlan.
Aunque
la mayoría de despidos ha sido la supresión de plazas
debido a recursos presupuestarios y por haber encontrado las instituciones
en una crisis económica, la población tiene derecho
también a saber las arbitrariedades cometidas por los empleados
públicos que respondieron solamente a intereses partidarios
y desde allí montaron sus campañas políticas.
Son numerosas las instituciones en las cuales hubieron plazas
fantasmas, trafico de influencias, compadrazgo político
o en las que prevaleció el interés por mantener
el “status quo” de poder, que el verdadero interés
de realizar un buen desempeño laboral, entre ellas podemos
mencionar: El centro Nacional de Registros (CNR), el Registro
Nacional de Personas Naturales (RNPN), la Corte Suprema de Justicia,
La Fiscalía General de la Republica, El Ministerio de RR
EE, el de Obras públicas, etc.
Cada
empleado público tiene derecho a tener su simpatía
por cualquier instituto político o ideología, pero
esa es una actividad que se puede, si se quiere, participar fuera
de las horas laborales. Existen todavía servidores públicos
que están bloqueando la gestión de los nuevos administradores.
A pesar de todo lo anterior, es menester que el gobierno del cambio
y de la unidad nacional evalúe muy detenidamente los casos
que ameritan especial atención –como lo ha expresado
el presidente- que no solo se entregue una carta de despido sino
que también se le cumpla el derecho a la explicación
del por que de su destitución y de los derechos que el
empleado cesado goza. No se puede afirmar que no hay casos en
los que se han violado los derechos del empleado sin que esto
pueda ser controlado por los jefes de las instituciones, pero
esto no se puede generalizar ni politizar.
En
la administración pública debe prevalecer la productividad,
la mística de trabajo, el conocimiento y las aptitudes
del empleado, el arte de servir antes que la afiliación
política. El revanchismo partidista o ideológico
no debe ser política del nuevo gobierno, pero la nueva
administración debe enviar un mensaje firme para los empleados
públicos que decidan trabajar por el país, que tengan
claro que su función es servir al público, a la
población y que debido al ciudadano común y corriente,
ellos gozan de un trabajo estable y de un salario para suplir
sus necesidades. Si esto se cumple, no importa la alternancia
de los tres o cinco años, los empleados mantendrán
sus puestos.
No se justifica en ningún momento que los superiores les
pidan a sus empleados que con la nueva administración deben
de ponerse la camiseta del partido de gobierno, si en caso, los
empleados públicos pueden optar por ponerse una camiseta:
la azul y blanco…la del pueblo.
|